Médico consultado:

Dra. Lorena Arcos

Psicóloga Clínica

 

“La ansiedad muchas veces no tiene una respuesta fácil. ¿Por qué estás ansioso? ¿Por qué te sientes mal? Justamente no sabes por qué. No sabes qué te pasa”, explica la psicóloga quiteña Lorena Arcos. Agrega que “está en todos y es una respuesta frente a algo que nos causa preocupación”. Es decir, se conoce como trastorno de ansiedad al comportamiento recurrente y excesivo de preocupación y miedo, con una reacción desproporcionada frente a una situación amenazante.

Como explica Arcos, la ansiedad puede ser un mecanismo positivo. “Todos la tenemos y nos ayuda a vivir, a defendernos de las cosas que nos pueden pasar”. La función, entonces, es mantener a la persona alerta y dispuesta a intervenir frente a riesgos o amenazas, para así tratar de minimizar las consecuencias. Al sentirla, una persona está dispuesta a tomar una decisión instantánea como huir, atacar, afrontar, adaptarse, etc., según sea el caso.

“Pero claro, todo tiene un grado. Cuando ya pasa de eso, la gente no puede ni siquiera vivir tranquila. Ahí sí es negativo”, especifica Arcos. Si este mecanismo de defensa se altera, puede convertirse en un problema. Los factores para que esto suceda pueden ser biológicos, genéticos, patrones de afrontamiento, estilo de vida, ambientales, de aprendizaje o contexto social.

Para 2017, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial los trastornos de ansiedad han incrementado en un 14,9% con respecto al 2005. En Latinoamérica se estima que el 7,7% de los casos son de mujeres, frente a un 3,6% de hombres. Según datos de la OMS, Ecuador tiene un 5,6% de casos de ansiedad.

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Una situación que puede llegar a desencadenar una crisis de ansiedad cuando, por ejemplo, una persona afronta acontecimientos con consecuencias graves, obstáculos para conseguir logros o limitaciones físicas, entre otros.

Si bien existen síntomas comunes que pueden ser detectados, Arcos resalta que el trabajo debe ser particular. Puede ser desencadenada por estímulos externos o situaciones tanto como estímulos internos de la persona como pensamientos, sensaciones, imágenes. Sin embargo, en términos generales, la ansiedad se presenta como una sensación dentro del cuerpo difícil de describir.

De acuerdo con la Clínica Mayo de Estados Unidos, los síntomas más comunes son:

  • Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
  • Aumento del ritmo cardíaco
  • Respiración acelerada (hiperventilación)
  • Sudoración
  • Temblores
  • Sensación de debilidad o cansancio
  • Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual
  • Tener problemas para conciliar el sueño
  • Padecer problemas gastrointestinales (GI)
  • Tener dificultades para controlar las preocupaciones
  • Tener la necesidad de evitar las situaciones que generan ansiedad

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Ansiedad y miedo

“El miedo es más directo. Por ejemplo tengo miedo a caerme, tengo miedo a morirme, tengo miedo a la oscuridad. Son cosas más puntuales. A la ansiedad a veces no se le puede poner palabras porque va acompañada de sensaciones físicas hasta llegar al ataque de pánico”, explica Arcos en relación a la diferencia entre una situación de susto o miedo frente a una crisis de ansiedad. Además, describe un ataque de pánico como cuando alguien “cree que se puede morir. Siente físicamente que no puede respirar, que tiene sudoración, que le puede dar un ataque al corazón, que algo malo le va a pasar”.

El miedo es una suerte de sistema de alarma que responde a la naturaleza humana, siendo, entonces, una reacción inmediata a un estímulo. La ansiedad, en cambio, es una reacción subjetiva difícil de definir.

Ansiedad y depresión

“La depresión puede estar acompañada de ansiedad, pero no es lo mismo”, explica Arcos, y agrega “todos podemos estar tristes por un suceso, una pérdida, pero ya se vuelve depresión si es que uno no puede en un tiempo determinado hacer un duelo y seguir con la vida. Si no se puede trabajar o vivir bien”.

Según la Clínica Mayo, si bien son afecciones diferentes, con frecuencia se manifiestan juntas. Es frecuente que un trastorno de ansiedad desencadene una depresión.

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Finalmente, la ansiedad se convierte en esa sensación extraña dentro del cuerpo que genera una pérdida de condiciones o facultades que dificultan que una persona pueda afrontar problemas.

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